Colaboraciones























Antimilitaristas y libertarias de Nuestra Tribuna.
La postura de las mujeres anarquista ante el militarismo

 
 

                                                                                                     Gisela Paola Manzoni

 

Introducción

“Los decenios transcurridos desde el comienzo de la primera guerra mundial hasta la conclusión de la segunda fueron una época de catástrofes para esta sociedad, que durante cuarenta años sufrió una serie de desastres sucesivos”

La historia del siglo XX ha estado marcada por un sinnúmero de conflictos armados. Su saldo en vidas es incalculable, las pérdidas materiales exorbitantes, han ocasionado desplazamientos de poblaciones, aniquilamientos culturales y la destrucción de buena parte de nuestro planeta. Dos Guerras Mundiales, una Guerra Fría y una montonera de conflictos menores entre dos países, entre más de dos, o en el interior de ellos, han atravesado al mundo en esos años.
En su mayoría, no han afectado de manera directa a nuestro país, sin embargo las distintas corrientes ideológicas y movimientos sociales aparecen manifestando su opinión al respecto en el espacio público.
Es nuestra intención reconstruir una de las líneas de pensamiento del movimiento anarquista, la de las mujeres de Nuestra Tribuna (1922-1925), especialmente movilizada en el período entreguerras. En este sentido, este es un trabajo fragmentario, que se inscribe en un proyecto mayor, en el cual intentaremos recuperar el discurso antimilitarista del movimiento anarquista, y dentro de él, las particularidades de sus militantes mujeres, quienes han mostrado dinamismo e iniciativa propia desde los orígenes del movimiento.

 

Lectoras y hacedoras de la prensa anarquista

“Queríamos decir algo y lo dijimos. ¿Que está mal? Ya sabemos y lo hemos dicho: somos proletarias y explotadas.
¿Y vuestras colaboradoras? También como nosotras, proletarias, explotadas.
Pero lo prometemos, es decir, esa es nuestra intención, ser mas “literatas”, sin dejar de ser obreras, anarquistas, amantes de la humanidad mas justa, mas humana” (1)

Dentro del movimiento anarquista, en la Argentina, las mujeres han reclamado y tomado un lugar que las diferencia y que las hace particulares en comparación con otros movimientos sociales que le son contemporáneos. Ya desde una fecha muy temprana contamos con la experiencia de La Voz de la Mujer un periódico hecho por mujeres y dirigido a ellas.(2) Posteriormente aparecerá Nuestra Tribuna, con características similares.(3)
La voz de estas mujeres irá tomando volumen en distintas publicaciones que, sin ser netamente femeninas (4), reservan un espacio para ellas.
En esta oportunidad rastrearemos el discurso antimilitarista de estas libertarias, a través de las principales herramientas y estrategias del movimiento, la prensa escrita. Los 39 números aparecidos entre 1922 y 1925 (5) Por una cuestión de espacio, quedan fuera de este análisis, las producciones de carácter mas teorico, otras publicaciones nacionales e internacionales, con fuertes discursos antimilitaristas y los debates con otras corrientes teóricas que contemporáneamente se han manifestado sobre el tema.
Autodenominándose proletarias anónimas del periodismo, las columnistas de Nuestra Tribuna, aunque tuvieron colaboraciones variadas, eran un grupo de mujeres que no contaba siquiera con las herramientas más básicas de educación formal, característica general de la prensa anarquista (6). Editores y columnistas eran, en la mayoría de los casos, miembros de la clase trabajadora a la que dirigían su discurso.
En sus páginas solían aparecer plumas femeninas de varios países, algunas de ellas no eran anarquistas, otra no eran obreras, y aisladamente aparecían notas de algún osado hombre.
Este mismo es el perfil de sus lectoras, mujeres de muchos sitios recibieron Nuestra Tribuna, en sus mayorías anarquistas y proletarias. Sin embargo la frecuencia masculina aumenta en la lista de suscriptores.

 

Combatir al estado, enfrentar al capital y educar a nuestros hijos.  

¡Mujeres del mundo entero! Ha llegado la hora de defender a vuestros retoños como Leonas, de la guerra y el militarismo!
¡Abajo las armas! ¡Abajo la guerra! (7)
Muchacha, novia, mujer, madre, hija, éstas son las principales maneras en las que se interpela a las lectoras desde las páginas de Nuestra Tribuna. Las numerosas notas sobre militarismo que aparecen en este periódico contienen todos los elementos de análisis que podríamos esperar de la postura anarquista y agregan a ellas cuestionamientos que se desprenden de su condición de mujer.
Como anarquistas repudian el patriotismo de aquellas personas que toman para si, un discurso que los estados construyen e inculcan a su población como identidad primordial. El cuestionamiento no esta solo dirigido a los estados beligerantes, las personas como individuos son llamados a reflexionar, a no entregar sus vidas es pos de causas  que ellas consideran vanas.
Este movimiento destacado por su internacionalismo, cuestiona a la guerra de su siglo, como herramienta de la avanzada capitalista, como una estrategia mas, alertando sobre el peligro que representa el imperialismo. El llamamiento personal invoca no solo la inutilidad de morir por causas de quines los oprimen (los estados, el capital), es también un llamado a la desobediencia, a no pertenecer a cuerpos jerárquicos, donde prima la obediencia.

“¿Sabes que es el cuartel?
Es la antesala del crimen de la guerra. En el cuartel se pervierte de una manera descarada el sentimiento humanitario de la verdad.
Se coarta la juventud en esos antros de perversión y de crimen, el espíritu de la libre iniciativa, degradando su moralidad hasta el exceso.
¡El cuartel es un antro donde se anidan las mas bajas y bastardas pasiones de los hombres!” (8) 

Este debate se da en un contexto en el que, los estados avanzan en la obligatoriedad del servicio militar. La conscripción obligatoria alentaría la entrada en las fuerzas armadas de muchos de los futuros soldados de la patria, además de ser, una instancia formadora y homogeneizadora de los futuros ciudadanos (9). Una especie de obligación que equivale al coste de la ciudadanía política como elector. 
Como respuesta a esta avanzada estatal, las mujeres son llamadas a una acción directa y central en la causa antimilitarista. Remarcando asimismo su responsabilidad social, en los funestos episodios. Las columnistas de Nuestra Tribuna estarían entonces otorgándoles un rol central a las mujeres en una causa, que en la arena pública, fue tradicionalmente masculina. Son hombres quienes toman las decisiones político-militares, son hombres los soldados, son hombres los conscriptos, son hombres los que votan.(10)

 “Unamos nuestras fuerzas de madres abnegadas, de mujeres nobles y valientes, y no permitamos que sea manchada con sangre proletaria este suelo de América.
¡Que florezcan las ideas de un futuro libre donde desaparezcan las fronteras y brille el sol de la igualdad y la solidaridad humanas! (11)”

Es en este espacio que se inserta el discurso de las libertarias, como madres, hermanas, novias, o esposas de quienes son sujetados por el brazo armado del estado. El discurso de Nuestra Tribuna no logra romper el binomio mujer-madre, ya que esta característica es la base argumental de todas las notas dirigidas a las lectoras de la hojita del sentir anárquico femenino, como ellas mismas denominaron a su periódico.
Es en la educación de los niños, donde descansa la responsabilidad de formar valores contrarios a la obediencia, el patriotismo y el culto a la muerte, pilares todos ellos del militarismo. El compromiso de madre se transforma, de esta manera, en el argumento central de la tarea preventiva, el arma fundamental contra el monstruo de mil cabezas que asola a la humanidad.
Así narraba su sentir de madre, una colaboradora chilena de Nuestra Tribuna  al presenciar casualmente, los entrenamientos de un cuerpo militar, en donde un oficial imparte castigos verbales y físicos, a un conscripto, solo por el hecho de haber equivocado un movimiento en la rutina de ejercicios
“Llevaba a mi hijo en brazos y cada paso que daba lo apretaba con mas fuerza…; creyendo que en nombre de la patria me lo iban a arrebatar para que fuera soldado, poseída de tan horrible obsesión decíale a mi pequeñuelo: tu no serás soldado, nunca, jamás; yo no lo permitiré, yo te defenderé como la leona defiende a sus cachorros, haciendo de mis uñas zarpas que se clavarían en el pecho de los que te quisieran uncir a tan vituperable servilismo…” (12)
Esta anécdota narrada en primera persona, y en ocasión de llevar a su hijo al medico, acto naturalizado en una madre, contiene un carácter ejemplificador. Que intenta crear un paralelismo entre el recluta maltratado y su niño cargado en brazos. Entre ella y la madre del recluta. No deseando esta situación de abuso servil para ningún hijo.  

Esta particularidad de su discurso, es el matiz femenino, que se suma al alegato antimilitarista de los anarquistas de entreguerras. Que lo distingue de la totalidad, pero que lo convierte en un punto de anclaje fundamental, en el proyecto final de estos hombres y mujeres que soñaron con una sociedad distinta.

“Es la mujer la que tiene una misión sagrada que cumplir; nadie mejor que ella puede y debe enseñar los males de la guerra al niño… Es la mujer la llamada a evitar esta nueva guerra que se aproxima. Con nuestro amor y nuestro celo debemos impedir que nuestros padres, hermanos o hijos sean arrastrados al campo de batalla, donde lo gobiernos satisfacen sus caprichos…” (13)

Este antimilitarismo no debe en ningún caso confundirse con posturas pacifistas. Los anarquistas, como bien sabemos, han sido partidarios de la acción directa, la que muchas veces ha implicado el uso de la violencia, de la misma manera es también una grosera simplificación caracterizar a este movimiento como partidario de la violencia.
Las notas de Nuestra Tribuna tenían como principal finalidad despertar la conciencia de las mujeres, hacerlas sentir partícipes directas de lo que para ellas era una de las mayores amenazas del momento, la guerra. Guerras, que en sus lecturas eran, una estrategia del capitalismo, un avance del imperialismo.
Para despertar estas conciencias recurrieron a estrategias didácticas, rememoraron hechos de público conocimiento, invocaron imágenes de la primera guerra mundial, se narraron historias en primera persona. En todas ellas buscaron hacer hincapié en el rol de las mujeres, como víctimas, pero también como garantes directas del encubrimiento y empinamiento del belicismo. Intentando hacer hincapié en la tarea preventiva de la mujer. Esta mujer –madre era la responsable directa de desafiar al estado, criando hijos que no quisieran ser soldaos. Que se revelaran ante el autoritarismo y que albergaran en su corazón los mayores deseos de libertad. Como una premonición, estas advertencias serán confirmadas por el belicismo del futuro.

 

 Tensiones discursivas

“¡Madres! ¿No os conmueven estos horrores bosquejados gráficamente? Os conmueven por que os sabemos y os conocemos sensibles. Evitad entonces que estos horrores se perpetúen educando a vuestros hijos antimilitaristas, enemigos de la guerra y de la mentira patriótica.” (14)

La aparición femenina en el escenario público para las primeras décadas del SXX, implica una ruptura y un desafío a los tradicionales roles y mandatos establecidos para las mujeres en aquel momento. Si bien ésta no era la primera experiencia de un periódico femenino dentro del ámbito ácrata, éstas mujeres desafían el orden establecido, por lanzarse a la arena pública -primera subversión- y opinan sobre temáticas reservadas a la masculinidad –segunda ruptura-.(15) 
Otros acercamientos que hemos realizado a la postura de las mujeres de Nuestra Tribuna, nos permiten precisar cómo el tono esencialista y maternalista desde el que abordan al militarismo contrasta con posiciones que las mismas tuvieron respecto de otras cuestiones en las que plantearon una ruptura de los tradicionales roles sociales adjudicados a las mujeres en ese mismo contexto histórico.(16) Este discurso antimilitarista y esencialista de la condición maternal de las mujeres se presenta como una anomalía, dentro el universo general de la publicación.
No sabemos si por imposibilidad o por elección, como estrategia de consenso y llegada, las columnistas de Nuestra Tribuna fueron fervientes militantes del antimilitarismo, con características que las distinguen de otras mujeres que dieron esta lucha.
Las rupturas alcanzadas en otros planos como la participación política femenina, la educación de los niños, sus luchas por el amor libre, los planteos y estrategias a la hora de enfrentar a capitalistas, eclesiásticos, policías y al estado. Son representaciones de un ideal que dejo al desnudo el reformismo revolucionario del resto de las tendencias contestarías del momento y muchas veces, también, el de sus propios compañeros de barricada.

 

 

(1) Eric Hobsbawn (1994) “Historia del siglo XX”  Editorial Critica.

(2) Nuestro periódico, 15 de agosto de 1922, numero 1, año 1, Nuestra Tribuna

(3) La Voz de la Mujer periódico anarco-comunista aparecido entre 1896-1897, sus nueve ejemplares fueron una de las primeras publicaciones de su tipo en Latinoamérica. Contaba con cuatro páginas y era financiado por sus lectoras/es en forma de contribuciones. Su aparición no era regular, (en la portada figura la leyenda “sale cuando puede”) y se difundía en los principales centros urbanos. Dirigido, aunque no exclusivamente, a las trabajadoras, entre las que se destacan los grupos de origen español e italiano, algunas de las notas aparecen en este idioma. Sus redactoras no estaban vinculadas con ninguna profesión de tipo intelectual. En 1901 (Rosario) y 1902 (Montevideo) aparecieron ejemplares homónimos, vinculados a Virginia Bolten, pero no está claro si se trataba del mismo periódico. Vasallo, Alejandra, “<Sin Dios y sin jefe>. Políticas de género en la revolución social de fines del siglo XIX” en Bravo, María Celia; Gil Lozano, Fernanda y Pita, Valeria (comps.), Historias de luchas, resistencias y representaciones. Mujeres en la Argentina, siglos XIX y XX, EDUNT, Tucumán, 2008.

(4) “Nuestra Tribuna” Comienza con una tirada de 1500 ejemplares, pero llegan a 4000. Estas cifras no deben ser tomadas como reflejo del número de lectores, las publicaciones A se han caracterizado por la circulación de mano en mano y las lecturas colectivas. El formato de las notas y su contenido no obedecieron un orden establecido. En 1924  Nuestra Tribuna se trasladan a Tandil, a raíz de la represión sufrida por parte del comisario de Necochea, quien era hermano del Cnel. Varela, cuyo asesinato a manos del anarquista Kart Wilckens,  había sido reivindicado por NT. Los últimos tres números se publican desde la ciudad de Buenos Aires. Otros trabajos sobre NT: Barrancos, Dora, “Mujeres de “Nuestra Tribuna”: el difícil oficio de la diferencia”, en Revista Mora, n° 2. Buenos Aires, 1996 y Calzetta, Elsa B., Nuestra Tribuna, hojita del sentir anárquico femenino (1922-1925). Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 2005.

(5) Reconstruir , por ejemplo reservaba una pagina sección para ellas, en la que se destacan figura como Iris Pavon y Herminia Brumana

(6) Todos estos números están compilados por Elsa Calceta (2005) “Nuestra Tribuna, hojita del sentir anárquico femenino1922-1925” Universidad Nacional del Sur – Ediuns, Bahía Blanca

(7) En Anarquistas, Juan Suriano señala que:La prensa anarquista, se proponía crear una lectura alternativa, destinada a los obreros, quienes no leían o eran lectores pasivos del periodismo “burgués”. Por esta razón se volcaron grandes esfuerzos a editar un sinnúmero de periódicos y revistas cuyos réditos fueron magros, ya que apenas lograron trascender el marco del propio movimiento. Para este autor el amplio campo de lectura popular de principios de siglo, fue apoyado por las publicaciones obreras, pero su importancia se debe al proceso de alfabetización  impulsado por el estado. Suriano, Juan (2001),Anarquistas, cultura y política libertaria en Buenos Aires 1890-1910”. Manantial,  Buenos Aires. Como contrapunto a esta hipótesis contamos con las memorias autobiograficas de  Juana Rouco Buela,  donde narra como sin haber asistido a la escuela, su instrucción en la lectura y la escritura fue un proceso paralelo a su formación como militante acrata y que fueron las obras de esta ideología, junto a la prensas,  las que la hicieron lectora y posteriormente escrito.  Rouco Buela, Juana (1964), “Historia de un ideal vivido por una mujer”.Reconstruir. Buenos Aires.

(8) ¡Contra la Guerra! Recuadro de cuatro párrafos aparecido en el numero 26 y 27 de  Nuestra Tribuna,  desde el que se hace un llamamiento a concentrar la propaganda anarquista en contra de la guerra, el militarismo y la fabricación de armamentos “en estos momentos que la actividades bélicas del capitalismo están preparando una nueva guerra” 

(9) Editorial Militarismo, 15 de enero de 1923, numero 11, año 2 de Nuestra Tribuna.

(10) La ley de servicio militar obligatorio, en Argentina, fue sancionada en 1901. Un interesante recuento histórico sobre sus antecedentes y la compilación del debate legislativo se encuentre en el trabajo de R Rodríguez Molas, El Servicio Militar Obligatorio. Biblioteca Política Argentina Nº 18, 1983, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires.

(11) Cfr. Valobra, Adriana, Del hogar a las urnas. Recorridos de la ciudadanía política femenina. Argentina. 1946-1955, Prohistoria, Rosario, 2010.

(12) Editorial Los gobiernos se arman, 1 de agosto de 1924, numero 33, año 3 de Nuestra Tribuna

(13) Servilismo militar,  15 de marzo de 1923, numero 15, año 2 de Nuestra Tribuna

(14) Editorial Los gobiernos se arman, 1 de agosto de 1924, numero 33, año 3 de Nuestra Tribuna

(15) Editorial La guerra y sus horrores, 15 de junio de 1923, numero 23, año 2 de Nuestra Tribuna

(16) Nari, Marcela (2000). “Políticas de maternidad y maternalismo político”. Buenos aires, 1890-1940. Biblos. Bs. As.

(17) Ledesma Prietto, Nadia y Manzoni, Gisela, “Pluma, aguja y barricadas. Desafiando la hegemonía patriarcal” en Valobra, Adriana (compiladora) Mujeres en espacios bonaerenses, Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, 2009.

 

         
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