Colaboraciones























Encomenderos en Santa Fe la Vieja:
Dinámica, configuración y estrategias

 
 

                                                                                                       Por Guillermina Guillamón


 

El presente trabajo se enmarca dentro de las perspectivas que retoman a la sociedad de Santa Fe la vieja, para analizar sus transformaciones desde un plano  mucho más dinámico, de continuas reacomodaciones y no exento de tensiones y conflictos hacia su interior, siendo estos los que construyen su particularismo. Se intentará  abordar el grupo de encomenderos santafesinos entendiéndolos como un “grupo humano heterogéneo y móvil, en constante recambio debido al comercio, al río, a las vaquerías, consuetudinariamente permisiva, tenía una mayor permeabilidad frente a las innovaciones y una capacidad autogestionada de modelar sus propias normas sociales” (1). A su vez se tratará de analizar las características propias población indígena, la cual en su defensa de la territorialidad, choca con los intereses de dicho grupo. Se intentará así contribuir a un análisis más complejo y dinámico en donde no solo se trate de abordar dichos aspectos, sino en donde se analicen parámetros ya establecidos desde donde se construyen determinados conceptos. Dicha tarea se insertará dentro de la idea de contribuir a una historia regional, que como tal posee sus particularidades, que reconstruye aspectos sociales aportando características específicas y en donde el todo no siempre contiene aspectos homogéneos sino que por el contrario tiene múltiples variables.
Si bien la imagen que  los historiadores del siglo XX construyeron  de Santa Fe  como una ciudad pobre e  inmersa en un espacio marginal del Imperio está siendo  actualmente matizada y se comienza a hablar de una “pobreza relativa”(2), considero necesario al menos retomar algunas concepciones que estos analizan.
Historia de la Provincia de Santa Fe resulta no solo ser el primer intento de construir un análisis global de dicha provincia, sino que enmarcado a principios del SXX es un texto retomado por diversos autores, ya sea como parte de su argumento, como fuente o para discutirlo. El rol del encomendero para consolidarse será uno solo: luchar contra el impedimento representado por los indígenas, que temerosos por perder los medios de vida que la naturaleza les brindaba,  se sublevan constantemente y evaden sus obligaciones. Pero a lo largo del análisis se desarrollan varias contradicciones: si bien se construye una imagen de la población indígena como “razas”  dominadas por la pasión que no podían ser controladas ni por las reducciones jesuíticas también se hace referencia al buen trato dado por los encomenderos, si se resaltan las ordenanzas de Alfaro, Abreu y Hernandarias también se justifica la fuerza bruta como algo inherente a la conquista y a las necesidades del conquistador. Se afirma que la encomienda es un mal necesario , ya que lo ideal en la política  no siempre es lo mejor,  y lo ideal en lo conquista es conservar lo fundado.  Por lo tanto, “las encomiendas no hicieron otra cosa que el colocar la autoridad del cacique bajo el encomendero, bajo ciertas prerrogativas, y disposiciones favorables,  a los conquistadores al principio, pues no solo eran un premio a sus desvelos y esfuerzos personales, sino que respondían al interés de los conquistadores” (3). Se puede entender entonces que las estrategias de consolidación como grupo están dadas por la necesidad de poder imponerse frente a dos obstáculos íntimamente relacionados: las poblaciones indígenas y la hostilidad que el espacio presenta.
Juan Alvarez en Ensayo sobre la historia de Santa Fe propone una visión muy similar a la de Cervera,  pero complejiza el análisis al agregar otras dificultades a las que los españoles deberían de enfrentarse para permanecer. Con respecto a la ubicación geográfica Santa Fe, estaba lamentablemente emplazada, no tenía un puerto fuerte ni era un núcleo de importancia y necesidad. Así dos errores fundamentales se cometieron al fundar la ciudad: crear un puerto “interior” cercano a Buenos Aires que solo condujo al enfrentamiento   y situarla cerca del Chaco y de los indígenas combativos que ese espacio habitaban. Se puede concluir entonces, que el autor  al analizar los aspectos que resalta como negativos y obstaculizadores de la propia ciudad e invisibilizar las estrategias que poseen los encomenderos para superarlos y configurarse como grupo entiende que las circunstancias no proveen posibilidades para su accionar, siendo las mismas inexistentes.
En el texto de mediados de siglo XX Las ruinas de Cayastá son de la Vieja Ciudad de Santa Fe fundada por Juan  de Garay , Guillermo Furlong y Raúl Molina portavoces de la Academia Nacional de Historia, si bien abordan el reciente descubrimiento arqueológico de la vieja ciudad se pueden rastrear datos relativos a la población blanca e indígena y a la tensión provocada entre ambos. Así, resultan ser las cuestiones que se encuentran por fuera del control de los vecinos las que obligaron, según el criterio de dichos historiadores, al traslado de la ciudad, quedando por fuera cualquier interés o estrategia  propia del grupo.
Los siguientes trabajos, enmarcados dentro de una corriente historiográfica renovadora , proponen un análisis mucho más complejo de los grupos sociales , del contexto en que estos se enmarcan y de las dinámicas que establecen.
Nidia Areces, coordinadora de Poder y Sociedad en Santa Fe la Vieja, propone hacer una historia desde las vivencias y la subjetividad de los grupos en plural, que forman parte de un entramado social, que mediante choques y encuentros, se está continuamente construyendo. Se  aborda así al grupo blanco desde su heterogeneidad, para enfatizar en aquel que se encuentra ya asentado, que  es beneficiario de una situación en que el marco institucional de aplicación de normas jurídicas está en plena consolidación. Con una intención utilitaria y de dominio, dicho grupo  de encomenderos es “un grupo humano heterogéneo y móvil, en constante  recambio,  debido al comercio, al río a las vaquerías, consuetudinariamente permisiva, tenía una mayor permeabilidad  frente a las innovaciones y una capacidad autogestionada de modelar sus propias normas sociales” (4). Con dicha conceptualización se presenta a las encomiendas santafesinas como “el espejo de la sociedad”, expuestas a su vez a múltiples variables que condicionaban su  existencia, entre las que se sitúa principalmente a la población indigencia. Se suman a estos factores la falta de confirmación real del otorgamiento de las encomiendas, el incumplimiento de las normas (como el pago del tributo, de la protección y el adoctrinamiento) así como prácticas que son denominadas como sui generis ( alquileres, préstamos, etc) que no solo desestabilizan al grupo sino que general luchas y facciones hacia su interior. Pero el aporte más interesante es aquel que hace referencia a que el sector de encomenderos no constituyó un sector hegemónico de la elite, no porque poseer encomiendas no fuese un privilegio, sino porque esta elite se configuraba con sujetos sociales múltiples, característicos de una sociedad pequeña, que debe recurrir a estrategias económicas  dinámicas y variables, en donde la ganadería y el posicionamiento en una zona de intercambio y de paso daba una cuota importante de enriquecimiento que resultaba necesario conservar. En cuanto a las múltiples estrategias tomadas por dicho grupo para consolidar su posición es necesario pensar en todas las obligaciones que el ser encomendero representaba, ya que normas demasiado estrictas implicaba un esfuerzo que una población todavía no consolidada no estaba en condiciones de hacer. A medida que las obligaciones se hicieron cada vez más pesadas las vías alternativas de proveerse mano de obra  fueron cristalizándose en mecanismo directos y que escapaban al orden real (5), y que se enmarcaban dentro de una situación irreversible de dominación y subordinación compulsiva, en donde la contracara pasaría a ser la constante hostilidad. Debe sumarse a esto el emparentamiento masivo a través del parentesco y el matrimonio, regulando así sus normas como grupo y el acceso al mismo.
En este marco se hace necesaria la aclaración de que la encomienda fue según Analía Manavella y Marina Caputo, por excelencia, el mecanismo que vertebró la permanencia de  los conquistadores en América ya que fue “un sistema ideal, prácticamente un sistema sin costos para los encomenderos, aunque tenía una obvia limitación  en tanto dependía de la capacidad productiva de esa comunidad” (6).
Entrando en la dinámica propia de las ciudades hispanoamericanas, se puede citar a Luis Maria Calvo como uno de los exponentes en relación a la reconstrucción arqueológica de la ciudad de Santa Fe de Cayastá y su revalorización.  En este marco la ciudad es el principal instrumento de defensa y afianzamiento en el nuevo territorio, necesario para extenderse y para organizar política y jurídicamente el territorio e irradiar su cultura, cumpliendo así múltiples funciones. Así, según Calvo,  Santa fue la primera población  que se fundó como ciudad y con una traza urbana según el modelo de dameros, consagrado ya para el territorio americano. Se debe agregar a esto la idea presentada por el autor de una complementariedad del plano urbano con el rural en lo económico, social y cultural,  ambos también con fines expansivos y defensivos ante un espacio y población que se presenta como hostil a  las pautas y normativas  españolas (7).
Bajo la frase “ no todo puede limitarse a la elección de los agentes, pero no todo venía impuesto como un destino”(8) puede interpretarse el tomo III de la Nueva  Historia de Santa Fe que enmarcado una corriente historiográfica renovadora propone abordar, tomando las concepciones teóricas de Imizcoz Beunza para el análisis de las sociedades del Antiguo Régimen, los vínculos sociales en tanto visión corporativa de los mismo, en donde la familia no solo resulta ser el núcleo originario de poder  sino el centro de la construcción de redes sociales, de grupos de poder.  Tomará entonces  a la encomienda desde la doble perspectiva de obligaciones y beneficios, y entendiendo que si bien  proporcionaba el fundamental acceso a la mano de obra, también considera  lo que representaba el hecho de recibir en nombre del Rey y obligarse a el. Pero para saber como y cuando funcionaba el poder de los encomenderos se debe saber como es que usaron sus capacidades para construir vínculos familiares y políticos, analizando para estos las alianzas matrimoniales, como principal herramienta  para construir estos vínculos sociales, que desde el análisis de Imizcoz Beunza, contribuyen a consolidar el clientelismo entre los cuerpos, y por tanto la dependencia y la subordinación.
Otro aspecto a abordar será la dinámica propia de la fuerza de trabajo, esto es, de la población indígena. Se ve entonces que no solo trabajaban para los encomenderos, sino que se los explotaba en las vaquerías, en los cultivos y siembras. Lo interesante resulta ser la hipótesis que presenta Barriera al decir que los vecinos explotaron el trabajo indígena tanto como pudieron, pero sin hacer trampas.  Esto no quiere decir que la regulación contra los abusos de la Corona y la Iglesia hayan tenido éxito, sino que por el contrario, significa  que los encomenderos y vecinos  encontraban los argumentos legales necesarios para continuar realizando los peores abusos dentro de la ley.
Con respecto  a los análisis de la población originaria el más rico resulta ser el capítulo presente en el trabajo compilado por Areces, en el que se resalta por sobre todos el grupo de guaraníes reducidos provenientes de Asunción junto al blanco. Es así que en este primera etapa la situación de contacto y relación entre indio-blanco  posee características de irreversibilidad que  conducen a pensar en el hecho colonial ya establecido: el mismo proceso lleva a una situación de dominación-subordinación bajo una violencia real o virtual y con políticas de corte discriminatorio bajo el rótulo de “salvajes-bárbaros” fundamentada a su vez según los autores, bajo una articulación compulsiva, utilitaria y de dominio en donde una de las dos partes no  es caracterizada por la falta de voluntad
Como uno de los últimos  trabajos referidos a dicho espacio de puede abordar el artículo de Maria Florencia Font referido a las relaciones entre caciques y misioneros en el marco  de la reducción de San Francisco Javier de Mocovíes (9). Si bien no responde a nuestro eje de análisis ni al período abordado, si se pueden destacar determinadas características de la población indígena y de las relaciones entre los vecinos santafesinos y dicha mano de obra. En el marco de imposición de normas y pautas occidentales, la autora  cree que es el rechazo a estas formas de trabajo, extrañas e innecesarias para el indio, por su condición ancestral de cazador-recolector, lo que conmueve su mundo tradicional, así tanto el encomendero como el jesuita le piden al indio algo a cambio: el cuerpo para el trabajo y el alma para Dios y la Iglesia

Durante casi un siglo los primeros encomenderos de Santa Fe de Cayastá se enfrentaron con múltiples  obstáculos que  complejizaron su ideal de configuración como grupo, pero no por esto fue imposible: múltiples estrategias fueron desplegadas para afirmar su poder económico, social, político y simbólico. El espacio, en tanto ciudad periférica, brindó posibilidades de evadir tanto el control real como a la propia moral  para alcanzar así un nivel de vida diferenciado del resto. La pregunta que entonces surge es si las estrategias que este grupo  desarrolló fracasaron en tanto que el traslado de la ciudad se consideró  como una  necesidad  ante las carencias del propio espacio, la constante insubordinación de población indígena y   el objetivo de situarse en cercanía a Buenos Aires. Pero ante esto, surge un interrogante aún mayor, y es si la constante movilidad, heterogeneidad  y creación de múltiples  maniobras del propio grupo no constituyen de por si mismas el “éxito” de los encomenderos en Santa Fe la Vieja.

 

 

Bibliografía

-Alvarez, Juan. Ensayo sobre la historia de Santa Fe. Buenos Aires, 1910.
-Areces, Nidia (coomp)   -Poder y Sociedad  en Santa Fe la Vieja 1573-   1660.Prohistoria, Rosario, 2000.
- La América Española.  Temas y Fuentes. Rosario, UNR,  2007.
-Barriera, Dario. Nueva Historia de Santa Fe.Prohistoria, Rosario, 2006.  Tomo II – III
-Calvo, Maria Luis, en: http://www.santafe-conicet.gov.ar/cehsf/america_11/03-calvo_contacto.html
-Cervera, Manuel M.  Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe 1573-1853. Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe. 1907 . Tomo I.
-Furlong C., Guillermo; Molina, Raul A. Las ruinas de Cayastá son de la Vieja Ciudad de Santa Fe fundada por Juan  de Garay . Buenos Aires, 1953.
-Lozano, Pedro. Historia de la Conquista del  Paraguay , Río de la Plata y  Tucumán. Buenos Aires, 1874.
-Mata de López, Sara y Areces, Nidia (coordinadoras) Historia Regional. Estudios de casos y reflexiones teóricas.Salta, UNS, 2006.
-Moreyra, Beatriz ; Mallo, Silvia (compiladoras) Pensar y construir los grupos sociales: Actores, prácticas y representaciones. Córdoba y Buenos Aires, siglos XVI-XX. Córdoba, Centro de Estudios Históricos “Prof. Carlos S. A. Segreti” / La Plata, Centro de Estudios de Historia Americana Colonial, 2009.

 

(1) Areces, Nidia Poder y Sociedad  en Santa Fe la Vieja 1573-1660. Prohistoria, Rosario, 2000. Pp 62-63

(2) Concepto propuesto por Griselda Tarragó, que es citado por Dario Barriera para  argumentar la nueva perspectiva bajo la que se abordará la encomienda santafesina.

(3) Ibid p 259.
(4) Areces, Nidia Poder y Sociedad  en Santa Fe la Vieja 1573-1660.Prohistoria, Rosario, 2000. Pp 62-63
(5) Se ejemplifica con varios casos que remiten a las Ordenanzas de Alfaro, en donde en múltiples  encomiendas no se declaraba el número real de indios para así no pagar los derechos e impuestos, es decir que superaban los 35 indios por encomienda.
(6) Ibid  p 95.

(8) Barriera, Bario. Nueva Historia de Santa Fe.Prohistoria, Rosario, 2006.  Tomo III , p 16 .

(9) Font, M.Florencia Caciques y misioneros. Jefaturas en la reducción de San Francisco Javier de Mocovíes en Santa Fé, En: Mata de López, Sara y Areces, Nidia (coordinadoras) Historia Regional. Estudios de casos y reflexiones teóricas.Salta, UNS, 2006.

 

         
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