Colaboraciones























Los Extranjeros en el Buenos Aires Colonial Tardío

 
 

Por Aldana Y. Salazar

El problema jurídico del extranjero en la colonia

Desde los primeros tiempos coloniales, el extranjero se planteó para la corona española como un problema jurídico. ¿Quién era considerado realmente un extranjero? En un principio se ha considerado extranjero a los mismos españoles no castellanos, esto tuvo razón de ser en la unidad dinástica pero no política que mantenían por entonces las coronas de Castilla y Aragón, y el patrocinio que la primera tuvo en los proyectos colonizadores de Colón. Ambas coronas seguían manteniendo su autonomía política jurídica y administrativa, siendo estados soberanos e independientes. Pero no conformaron nunca un poder político hermético para sus nuevos reinos.  Por lo que todo nuevo territorio que fuese descubierto sería incluido jurídica y políticamente a Castilla, proyectándose en ellos toda normativa y derecho castellano. A pesar de que el extranjero era un concepto por entonces difuso y cambiante (y que se había empleado para designar a quién no fuera residente permanente en una comunidad) las normativas y legislaciones contra estos siempre existieron, aunque los controles nunca hayan sido suficientes. Sin embargo las condiciones jurídicas evolucionaron hacia 1596 cuando comenzó a contemplarse en un marco de igualdad tanto a los castellanos como a los aragoneses navarros, catalanes y demás súbditos de otros reinos. Los mecanismos que hallaban los inmigrantes para quebrantar de algún modo la incapacidad otorgada por su condición eran diversos y disímiles. Podía obtenerse la carta real de naturalización, la licencia individual o el pago de una especie de composición a cambio de un permiso de residencia para aquellos extranjeros que hubieran ingresado de forma clandestina (carta de residencia). Muchas veces se ha permitido la entrada a Las Indias a extranjeros hábiles que desempeñaran algún oficio o profesión mecánica, a través de un examen de capacidad y una prestación de fianza. El requisito era que siguieran desempeñando su oficio en aquellas tierras pero la extensiva cantidad de abusos impulsaron su restricción mediante ciertas reglamentaciones reunidas en lo que ha sido las Leyes de Indias de 1680 (1)

Los Extranjeros en el marco de las transformaciones sociopolíticas y económicas

La llegada de los inmigrantes extranjeros a la ciudad de Buenos Aires durante el período colonial, ha sido impulsada por el fiel propósito de ganarse la vida, ascender económicamente y alcanzar de una u otra manera lo que en su tierra les había sido vetado.
Hacia fines del siglo XVIII, nuestra región dejaba de ser un remoto asentamiento para convertirse en un pujante y atractivo epicentro mercantil. Quedando poco y nada de aquella aldea fundada por Juan De Garay en 1580, un pequeño pueblo de ranchos pobres que a pesar de tener una salida al Atlántico, comercialmente seguía dependiendo del comercio altoperuano (Potosí). Por entonces, la creación del Libre Comercio era una puerta más que se abría ante las necesidades de triunfar y ascender económicamente. Además en la segunda mitad del siglo XVIII el incremento de la población era innegable. Se estima que entre 1744 y 1810 la población se había duplicado siendo Buenos Aires la ciudad de mayor crecimiento en Hispanoamérica a fines del período colonial. Esta no sólo recibía los flujos migratorios externos sino también a inmigrantes del interior. (2) Este incremento demográfico, generó cambios radicales en la ciudad. Las autoridades comenzaron a preocuparse por la calidad de vida, se reguló la provisión de agua para consumo, obras de desagüe, alumbrado público, empedrados y primeras normas de tránsito. Se ofrecieron amplias posibilidades de vida para que todo aquel extranjero que viniera a probar suerte de alguna u otra forma se quedara para siempre.

 

Portugueses, italianos e ingleses en el Buenos Aires tardocolonial

De todos los grupos de extranjeros el más significativo dentro del Buenos Aires tardocolonial fue el de los portugueses y durante el siglo XVII pueden percibirse los primeros movimientos migratorios de esta población. Por entonces se instaló en Brasil el Tribunal del Santo Oficio, razón suficiente para la huída de aquellos portugueses de “dudosa religiosidad”: cristianos nuevos o judíos. La mayoría eran provenientes de las regiones de Minho, Trás Os Montes, Beira, Algarve, Estremadura y Alentejo. Su arribo a la ciudad porteña también estuvo relacionado con las condiciones estructurales que presentaba su país de origen, embarcado en un proceso recesivo, poco modernizado productivamente e incapaz de encontrar un rumbo cierto a las vísperas de los cambios revolucionarios de los últimos tiempos. (3) Además la falta de empleo, los bajos salarios y el modelo de transmisión de la tierra terminaron por convertir a Portugal en lo que se llamó una fábrica de mano de obra de exportación (4). Teniendo en cuenta las nuevas condiciones de Buenos Aires, los extranjeros podrían acceder a todo un abanico de posibilidades que les permitían mejorar su calidad de vida, pero lograr insertarse en la sociedad porteña no siempre era fácil. 
Una vez instalados en la ciudad, algunos portugueses se veían enfrentados a una realidad que los llevaba a delinquir para sobrevivir. En 1805 el portugués Antonio Guimaraes y Apolinario “el chileno” ejecutaron una serie de robos pero el último delito que perpetraron fue descubierto en la escena misma del hecho. Entraron al almacén haciendo un agujero en la puerta de entrada, luego de que fueron “espiados” por los encargados del negocio: Juan Boado y Manuel Figueredo. Pero cuando estos descubrieron el hecho solo encontraron en el lugar a dicho portugués “…quién a eso de las nueve y media poco mas o menos le vieron entrar con luz y se fueron inmediatamente a su cuarto…”(5) El sujeto niega de principio ser el culpable “…pero como se le dijese que había habido sujeto que le vio dirigirse con el robo a su casa […] principió a decir que lo había hecho por hallarse en un estado deplorable…”. (6). Los géneros robados eran quesos en bretañas de Francia, musolinas (muselinas), pañuelos y algunas sábanas. Ellos fueron devueltos a sus dueños y un testigo declaró que: “… […] aún se le dio algunos pesos para que tuviese con que comer, por lo que entregó todo esa misma noche, a excepción del valor de unos cuatrocientos y mas pesos que faltan…”(7)  Probablemente el resto del dinero que faltaba había sido tomado por su cómplice, o incluso haber sido ocultado por el mismo. Con todo, Antonio Guimaraes constituye un caso más de pobreza y miseria. Si atendemos a sus pertenencias comprenderemos de lleno su situación:


Bienes del portugués Antonio Guimaraes encontrados en el cuarto que habitaba.

Una daga de cuarto y media a lo largo
.Dos hijares de hueso de caballo.
Una chaqueta y un calzoncillo viejo
Un cojinillo negro viejo.
Un freno, una vincha, un estribo, un palo, un maniador, todo viejo.
Una bata, una botija
Un par de zapatos usados y un sombrero viejo.
Una vasija de barro
Una taza de loza y dos cucharas.

Fuente: AHPBA. C 34 – 2- 30. Exp nro 28, año 1805. En: Reitano, Emir. “La calidad de vida de los portugueses de Buenos Aires durante el período colonial tardío” En: Anuario del Instituto de Historia Argentina Nro I, La Plata, Editorial de la Universidad Nacional de La Plata, 2000, p 132.

Sus objetos personales fueron tan humildes como su vida misma, es evidente que Guimaraes se hallaba en lo mas bajo de la pirámide de la sociedad porteña.
En el otro extremo encontramos a los portugueses más ricos en cuyos inventarios podremos encontrar bienes que alcanzaban la opulencia, varios chalecos, chaquetas de gala, zapatos de cuero, pelucas, sombreros, joyas e incluso esclavos. La población portuguesa era mayormente iletrada. Muy pocos sabían leer y firmar su nombre. Sin embargo a pesar de la heterogeneidad de la misma, los portugueses buscaban en lo posible una rápida integración en la sociedad porteña, con el objeto de lograr el ascenso y la distinción social.  Los datos arrojados por el padrón de extranjeros de 1804 evidencian que este grupo social se inclinaba a ejercer actividades mayoritariamente portuarias como carpinteros, patrones de lancha o calafates, les suceden sastres, comerciantes y zapateros. (8)
Otro de los grupos de extranjeros que ha llamado nuestra atención ha sido el de los italianos. Cabe mencionar que en esta época los italianos no constituían una nación. Su aparición en el Río de La Plata data del siglo XVI y provenían mayormente de la región de Génova, Piamonte, Roma y Nápoles entre otras. Los oficios ejercidos se centraban en mayormente en la fabricación de alimentos tales como fideos, confites chocolates. Pero también tenemos quinteros, hojalateros, mercaderes y carpinteros.(9) En este sentido es revelador detallar el caso de Franciso Escola, carpintero a quién se le inició una causa en el año 1782 por heridas efectuadas a Pascual Duarte, zapatero. Escola provenía de Montevideo, había trabajado allí probablemente en su oficio. Una vez radicado en Buenos Aires comenzó a trabajar para Antonio Mauricio, a quién le rentaba una habitación y a la vez manejaba una gran cantidad de bienes y herramientas de trabajo. El hecho se produjo el 17 de febrero del corriente año en una pulpería y bajo los efectos del alcohol, luego del altercado entre Duarte y el genovés, éste último huyó y se dictaminó una orden de aprehensión junto a un embargo de todos sus bienes. La cantidad de herramientas que tenía el acusado era verdaderamente importante: constaba de cincuenta y nueve sillas de nogal, treinta y cinco herramientas y limas todas corrientes, ocho tablones como de cinco varas de largo que parecen ser de nogal, dieciséis cepillos, mesas, tornillos, banquetas, pinturas, hierros, cajas y todo tipo de elementos de carpintería. (10) Probablemente este caso sea el de un artesano enriquecido, acomodado en un sector medio del Buenos Aires colonial ya que se encontraba en un peldaño muy superior a muchos trabajadores de oficio de esta sociedad.
Con respecto a los ingleses observamos que la comunidad inglesa era muy reducida. Los pocos ingleses que se han encontrado en el padrón de 1744 ascendían a nueve, por lo general provenían de Irlanda, Escocia o Inglaterra. Ya para el censo de 1804 el número de ingleses contabilizados asciende a 22, por lo general se dedicaban al comercio de exportación o a las actividades artesanales y existía un número reducido de médicos. (11) Ahora bien: para el período transcurrido entre 1804 y 1810 la población inglesa en el Río de La Plata se había triplicado, aunque seguía siendo un número reducido. El censo de 1810 revela que un 70 % de los europeos registrados eran mayormente españoles, seguidos por los portugueses y luego por ingleses (12). Su tímida pero progresiva aparición fue estimulada por la nueva coyuntura comercial penetrando en el mercado local. Su llegada también ha sido asociada directamente a las Invasiones Inglesas. Algunos autores aseveran que esta comunidad ha tenido, por diversas y complejas causas, un comportamiento tendiente a la conservación de hábitos con el fin de preservar la identidad de sí mismos. No se percibe ningún atisbo significativo de integración social (como sucedió con los portugueses), por el contrario, crearon una especie de mundo propio. (13)

 

El Extranjero Como un Problema Social.  Normativas y control de su Residencia

Siempre han existido en el Río de La Plata legislaciones tendientes a controlar de algún modo el ingreso de extranjeros “no deseados”. Esto se apoya en las previsiones tomadas por la corona ante la necesidad de propagar la fe católica e impedir las contaminaciones heréticas e ideológicas. Una de las primeras legislaciones data del año 1626 y fue creada por el Alguacil Mayor del Cabildo Francisco Gonzáles Pacheco. Este solicitaba tomar recaudos para evitar que ningún extranjero pudiera ocupar cargos públicos como el de Alcalde. De comprobarse esto, dicha elección se declararía nula. Pero contravenir las reglamentaciones siempre ha resultado un hecho común. Por ejemplo Rui de Sosa había logrado obtener el cargo de Alcalde en la ciudad de Córdoba pagando una considerable suma de dinero.(14)
Las órdenes de expulsión de extranjeros en el Río de la Plata apuntaron inicialmente a los portugueses y luego a los franceses. Nos referimos a la efectuada en 1740 por el gobernador Miguel de Salcedo, quien solicitó que en un plazo de veinte días, todos los portugueses casados y solteros residentes abandonen la ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, una mediación del Cuerpo Capitular se remitió a la ley 10 del libro 9 de la Recopilación de Leyes de Indias apelando a exceptuar de dicha medida, a todos los extranjeros que desempeñaran labores u oficios mecánicos. Ello nos da cuenta de lo necesario que resultaban aquellos extranjeros que desempeñaban labores como zapateros, o carpinteros ya que el Buenos Aires virreinal carecía de trabajadores de oficio mecánico que cubrieran las necesidades de la población. Por ende se decidió expulsar solamente a los extranjeros solteros, o vagabundos sin ocupación conocida.
No obstante ante los evidentes conflictos con la Banda Oriental, se impulsaron medidas mucho mas severas, los portugueses no podían ejercer actividades comerciales ordenando nuevamente su expulsión a riesgo de embargos y trabajos forzados, e incluso se establecían penas para quienes los ocultaran en sus casas.(15) Paulatinamente el extranjero se había convertido en un problema social para las autoridades virreinales y hacia el último cuarto del siglo XVIII la situación se tornó mas compleja: ahondaron los temores ante una quiebra del orden político interno, la coyuntura internacional se había convulsionado y la Revolución Francesa de1789 había marcado un antes y un después, dejando propagar sus máximas revolucionarias de ”libertad, igualdad y fraternidad”. La exaltación que esto provocaba desembocó en una Real Orden del 25 de mayo de 1796 que estipulaba la imposición de penas del máximo rigor para quienes adhirieran a tales máximas. (16) La citada Real Orden también comprendía la expulsión ahora de aquellos franceses que por sus conductas u ocupaciones fuesen considerados sospechosos de propagar ciertos aires revolucionarios, nocivos para el orden establecido y perniciosos para la corona. Por lo general estos se habían desempeñado como comerciantes, vendedores de pan, y ya en 1757 el procurador de Buenos Aires había peticionado su expulsión prohibiendo asiento y habitación. Las causas estaban en los precios exorbitantes a los que vendían este artículo de primera necesidad, de manera tal que solo logrando su destierro se hallaría una solución para la cuestión, pero mas allá de esta normativa de causalidad interna, los factores políticos externos lograron hacer mucho mas inflexibles las penas y las reglamentaciones.

Conclusiones

Hemos abordado someramente la problemática del extranjero a partir de lo general, en el plano jurídico. Hemos visto el significado por momentos claro, por momentos confuso de lo que implicó definir al extranjero, pero saliendo de dichas generalidades pudimos centrarnos en el Buenos Aires colonial tardío y proporcionar un acercamiento a la situación de los inmigrantes que llegaron a dicha ciudad con el fin de ganarse la vida. Su residencia no ha sido tan fácil, ya que han sido limitados tanto por las variables locales y por la compleja coyuntura internacional. Los casos analizados han sido emblemáticos para evidenciar lo complejo que resultaba insertarse y establecerse como parte de este mundo. Para aquellos mejor posicionados, su existencia estaba determinada contradictoriamente por reglamentaciones excluyentes, pero también por la necesidad de trabajadores que cubrieran aquellos oficios para satisfacer a la población, en una ciudad que estaba creciendo. Para aquellos marginados, sus vidas oscilaban constantemente entre la pobreza y el delito. Esto significó ser extranjero en el Río de la Plata tardocolonial, una región en plena transformación que supo construirse y reconstruirse para sí misma.

 

Bibliografía general

AHPBA. C 34 -1-11. Exp nro 22. “Autos criminales contra Francisco Escola, genovés, por heridas inferidas a Pascual Duarte”. 1782.

AHPBA C 34 – 2- 30. Exp nro 28. “Autos seguidos contra el portugués Antonio Guimaraes y Apolinario “El Chileno” por robo”. 1805

Díaz, Marisa. “Las migraciones internas a la ciudad de Buenos Aires 1744-1810”. En: Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr Emilio Ravignani, Nros 17 y 17, 2º semestre de 1997 y 1º de 1998

Mallo, Silvia. “Ingleses y angloamericanos en Buenos Aires. 1770- 1850”. En: Enrique Barba, In memoriam. Estudios de Historia. Buenos Aires. Academia Nacional de la Historia, 1994. 325-337. 

Ots Capdequí, José María. El Estado español en Las Indias, México, Fondo de Cultura Económica, 1957.

Reitano, Emir. “Los portugueses del Buenos Aires tardocolonial. Inmigración, sociedad, familia, vida cotidiana y religión”. Universidad Nacional de La Plata. 2004. 289 pgs.

Reitano, Emir. “La calidad de vida de los portugueses de Buenos Aires durante el período colonial tardío” En: Anuario del Instituto de Historia Argentina Nro I. La Plata. Editorial de la Universidad Nacional de La Plata. 2000. pp 123- 151. 

Reitano, Emir. “Algunas consideraciones sobre la inmigración ultramarina portuguesa. El caso del Río de La Plata durante el Período Colonial Tardío”. En: Actas del Duodécimo Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina. Buenos Aires. Academia Nacional de La Historia. 2003.

Silveira, Alina. “Inmigración británica: aportes para la discusión de una inmigración temprana en Buenos Aires”. Tucumán, XI Jornadas de Interescuelas, Departamento de historia. 19-22 de septiembre de 2007.

Tau Anzoátegui, Victor. “Una defensa de los extranjeros en el Buenos Aires de 1743”. Buenos Aires. VI Congreso Internacional de Historia de América, Academia Nacional de la Historia. 1982. Vol VI.

Yanzi Ferreira, Ramón. “Expulsión de extranjeros en el Buenos Aires Colonial”. Buenos Aires. Revista de Historia del Derecho Dr Ricardo Levene, Nro 30, 1995.

 

1. Ots Capdequí, José María. El Estado español en Las Indias, México, Fondo de Cultura Económica, 1957, p. 24.

2. Díaz, Marisa. “Las migraciones internas a la ciudad de Buenos Aires 1744-1810”, En: Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr Emilio Ravignani, Nros 17 y 17, 2º semestre de 1997 y 1º de 1998, p. 8.

3. Fuente: Taboas topográficas e Estadísticas 1801. Porcentaje calculado por Serrao; Joel. A Emigraçao Portuguesa. Lisboa, Livros horizonte, 1982. En: Reitano, Emir. “Algunas consideraciones sobre la inmigración ultramarina portuguesa. El caso del Río de La Plata durante el Período Colonial Tardío”. En: Actas del Duodécimo Congreso Nacional y Regional de Historia Argentina, Buenos Aires, Academia Nacional de La Historia, 2003, p. 5.

4. Op cit p. 4.

5. AHPBA. C34-2-30, exp.nro 28, año 1805.

6. Idem.

7. Idem.

8. Reitano, Emir. Los portugueses del Buenos Aires tardocolonial. Inmigración, sociedad, familia, vida cotidiana y religión. Universidad Nacional de La Plata. 2004. cap 2.

9. op cit. cap. 2.

10. AHPBA. C 34 -1-11. Exp nro 22, año 1782.

11. Mallo, Silvia. “Ingleses y angloamericanos en Buenos Aires. 1770- 1850”. En : Enrique Barba,
In memoriam. Estudios de Historia, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1994. 325-337. 

12. Silveira, Alina. “Inmigración británica: aportes para la discusión de una inmigración temprana en Buenos Aires”,Tucumán, XI Jornadas de Interescuelas, Departamento de historia, 19-22 de septiembre de 2007.

13. Mallo, Silvia. “Ingleses y angloamericanos en Buenos Aires, 1770- 1850”. En : Enrique Barba,
In memoriam, Estudios de Historia, Buenos Aires, Academia Nacional de la Historia, 1994. 325-337.

14. Yanzi Ferreira, Ramón. “Expulsión de extranjeros en el Buenos Aires Colonial, Buenos Aires, Revista de Historia del Derecho Dr Ricardo Levene,  Nro 30, 1995, p. 215.

15. Op cit, p. 222.

16. Op cit p 225

 

         
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