Colaboraciones

 

 

Nuevos interrogantes en torno a un mismo problema: La cuestión indígena en el área pampeana en el período colonial

 
 

Una vasta producción historiográfica ocupada en el tratamiento de la temática indígena en el área pampeana, centró su análisis en el aspecto bélico, siendo concebida la guerra como la modalidad de relación prioritaria entre esa sociedad y la colonial. Ese paradigma que guió las investigaciones, encubrió y no permitió correr el foco hacia otros aspectos –por demás variados y ricos- que afloraron luego en las investigaciones de los últimos años. Este giro, no sólo ha permitido recrear otras concepciones sobre la frontera (1), antes pensada como frontera militar, sino también discernir la interdependencia y los lazos existentes entre ambas sociedades. El circuito del ganado que unía la pampa con el sur de Chile (2), así como las tratativas comerciales entabladas por los indios con los pobladores fronterizos o en la propia ciudad de Buenos Aires (3), son algunos ejemplos que respaldan lo afirmado.

Si giramos la mirada hacia el interior de las sociedades indígenas, también notaremos los cambios en cuanto a cómo se las concibe en el presente. En principio se ha prestado atención a los caciques, y de allí emerge una imagen que los convierte en hábiles negociadores e interlocutores, hacia el interior y exterior de su propia sociedad, haciendo gala de su oratoria, condición esencial para el desempeño del cargo (4). Para acceder al mismo, la herencia no habría jugado un papel destacado, salvo en aquellos casos en que el hijo “estaba a la altura de su padre”. Debido a las características de la sociedad en las que se desempeñaban, en tanto cabecillas, los caciques necesitaban negociar para conseguir seguidores. En este sentido, la generosidad era condición imprescindible para lograrlo. El jefe en definitiva, era quien pedía y velaba por los intereses de la comunidad en su totalidad.

En lo tocante a la caracterización de sus sistemas políticos, tanto en el período colonial como en el independiente, no hay acuerdo entre los investigadores que se ocuparon del tema, y, tal como afirma uno de ellos “todas las formas usualmente reconocidas en las tipologías de los sistemas políticos preestatales han sido empleadas (banda, tribu, confederaciones tribales, cacicato o jefatura)”, situación extensible a la hora de definir la esencia de la sociedad indígena (5).

Se ha planteado la existencia de cacicazgos duales, devenidos luego en autoridades unipersonales en un intento de beneficiar las negociaciones y tratativas con la sociedad estatal (6). En ese mundo que no era para nada homogéneo, se reconoce la impronta del patrón araucano para el siglo XVIII y la estrecha relación existente entre las comunidades del sur de Chile y de la pampa, así como la necesidad de contemplarlas a la hora del abordaje, aunque se haga foco en uno solo de los lados. Sin embargo, la “araucanización de la pampa” como construcción intelectual, otrora tan utilizada, fue puesta en tensión y criticada por considerársela una herramienta al servicio de los intereses del Estado, ya que facilitó la consideración de los araucanos como extranjeros (7). De tal forma, ni siquiera fue necesario legitimar el despojo territorial producido a fines del siglo XIX con la conquista de la Patagonia.

Si prestamos atención a lo que acontecía dentro de la sociedad colonial en las nuevas investigaciones, los indios asumen un protagonismo inusitado. Con este telón interpretativo y como actores sociales, los representantes de las comunidades locales salen a la luz interactuando con otros pobladores en un trato cara a cara, casi cotidiano, tanto en la ciudad como en la campaña de Buenos Aires, generando redes, entablando lazos y compromisos gestados al margen de las tratativas “oficiales”, más protocolares y pautadas, entabladas entre sus propios representantes y los funcionarios estatales. Al mismo tiempo, los empadronamientos efectuados en el período dan cuenta de indios establecidos en el radio urbano y rural, trabajando de peones concertados al servicio de particulares, obligados mediante una legislación coercitiva o por propia decisión. Otros eran propietarios –pocos por cierto-, vendían o compraban bienes mediante escritura ante Escribano Público. La mayoría de ellos no pertenecían al área pampeana, eran migrantes de otras regiones que, definitivamente o en forma transitoria, habían llegado hasta aquí atraídos por las posibilidades que brindaba la zona en paulatino crecimiento económico. Se destacan, sin embargo los misioneros, mucho de los cuales fueron trasladados a pedido de las autoridades civiles para colaborar en el levantamiento de la cosecha o en tareas militares, concretamente en la defensa de la frontera marítima. Todos ellos pasaron a engrosar los sectores subalternos y su inserción en la sociedad colonial no acalló el conflicto, ni significó la desaparición de las relaciones asimétricas entabladas en esa trama social. El poder estaba allí para guardar el “orden natural”, para vigilar, corregir las desviaciones y sancionar. Nada más ilustrativo que el rollo de la justicia en la plaza de la ciudad o los azotes públicos, que por cierto, nunca afectaban a los blancos.

En ese contexto, entre los intersticios de los documentos oficiales, emanados desde arriba, ya sea en los partes de los Comandantes de Frontera, informes de los Alcaldes, papeles de la Casa de la Reclusión, tímidamente afloran otras voces subalternas, la de los cautivos indios, aunque deberíamos llamarlos por su verdadero nombre, esclavos. Fruto de las expediciones punitivas llevadas a cabo sobre sus territorios, tehuelches, pampas, puelches, guenoas, charrúas y representantes de otras parcialidades, engrosaron las filas de los sirvientes de las familias distinguidas, las cuales relacionadas con el poder, se beneficiaron de su trabajo a cambio de la comida, vestimenta y por supuesto educación cristiana. El reparto dado en “depósito,” servía de pantalla para una esclavitud sin plazo, ya que nada al respecto se consigna en la documentación (8). En suma, se trata de un anticipo de cuanto acontecería con los indígenas de la Patagonia y del Chaco en el siglo siguiente.

Los nuevos interrogantes sobre un viejo problema, tal como titulamos esta apretada síntesis y que es ilustrativo de cuanto acontece en relación a otras problemáticas que llaman la atención de los historiadores, guardan relación con el cambio de paradigma acontecido en los últimos años en el campo de nuestra disciplina, el cual abrió el camino para que la historia como ciencia comience a recuperar su “perdido sentido social” y le confiera voz a otros protagonistas antes acallados, que contribuyeron también a moldear la sociedad en la que vivieron (9). No obstante, es muy corto el tramo del camino recorrido y quedan por ajustar cuestiones de carácter metodológicas. De esos protagonistas, muy poco sabemos sobre sus angustias y padecimientos, sus frustraciones, de la forma en la que recreaban el universo de su existencia, en definitiva no debemos olvidar que otros hablan por ellos. Allí reside uno de los desafíos del historiador, hacer que esos olvidados nos cuenten sus historias.

Susana Aguirre

 

(l) Grimson, Alejandro, Disputas sobre las fronteras. Introducción a la edición en español. En: Michaelsen, S y Johnson, D, Teoría de la Frontera. Los límites de la política Cultural, Barcelona, Gedisa, 2003.
(2) En varios trabajos Raúl Mandrini se abocó al tratamiento de este aspecto, por ejemplo en Procesos de especialización regional en la economía indígena pampeana (S. XVIII-XIX): el caso del suroeste bonaerense. En: Boletín Americanista, XXXII, Barcelona, 1991.
(3) Palermo, Miguel Angel, La compleja integración hispano-indígena del sur argentino y chileno durante el período colonial. En: América Indígena, Vol LI, N· 1, Méjico, 1991.
(4) Bechis, Martha, Los lideratos políticos en el área araucano-pampeana en el siglo XIX: ¿autoridad o poder?. En: Etnohistoria, s/l, equipo NAYA, 1999.
(5) Mandrini, R., Presentación. En: Villar, D (Editor), Relaciones inter-étnicas en el sur bonaerense 18l0-1830. Bahía Blanca, Universidad Nacional del Sur, 1998.
(6) Nacuzzi, Lidia, Los cacicazgos duales en Pampa-Patagonia durante el siglo XVIII. En: Relaciones, T. XIX, Buenos Aires, Sociedad Argentina de Antropología, 1993-1994.
(7) Lazzari, A. y Lenton, Diana, Etnología y nación: facetas del concepto de araucanización. En: Avá, Revista de Antropología N· 1, Posadas, 2000.
Kropff, Laura, Activismo mapuche en Argentina: trayectoria histórica y nuevas propuestas. En:Dávalos, Pablo (Comp), Pueblos indígenas, Estado y democracia, Buenos Aires, CLACSO, 2005.
(8) Aguirre, Susana, Cruzando Fronteras. Relaciones interétnicas y mestizaje social en la campaña y la ciudad de Buenos Aires, 2006 (en prensa).
(9) Centrado en la historia de Europa tenemos a Thompson, E. P, Costumbres en Común, Barcelona, Crítica, 199l. Desde la perspectiva de los pueblos colonizados: Guha, Ranahit, Las Voces de la Historia y otros estudios Subalternos, Barcelona, Crítica, 2002.

 

         
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